LECCIONES DE AMOR I: SOBRE EL COQUETEO REVOLUCIONARIO

by Luce DeLire009: TENDER

with THE STROKER (PT II)

a video by PILVI TAKALA

¿Qué tiene de malo el coqueteo? ¿Por qué resulta tan problemático ligar por internet? Luce deLire tiene claro que todo esto es culpa del capitalismo. Pero ¿qué podemos hacer al respecto? Podemos desarrollar contraparadigmas de seducción. A partir de una estancia en el Campo de Reeducación Totaliterio Rosa (CRTR), deLire expone en siete puntos su propuesta de coqueteo receptivo y su visión del amor desmercantilizado.

La respuesta de Comrade Josephine a Lecciones de Amor I aparecerá en abril de 2022 en nuestro número 010.


«Aquel que es nuevo en el coqueteo, tiene que coquetear. No hay otra manera. ¡Ensaya, ensaya, ensaya! Ligar no mola. Pero es mejor arriesgarse a joderlo todo que morir solo.»
(Anónimo)

Durante mucho tiempo, no entendí la naturaleza del coqueteo heterosexual. Cada vez que un hombre intentaba ligar conmigo, en mi mente se manifestaba un sonoro «¿POLLA?» y no tenía ni idea de cómo tomármelo ni de cómo responder. Un día, mientras escribía en un bar en Berlín sobre las 3 de la mañana, un hombre se acercó a mí y me dijo: «Como sigas mirando a la pantalla, te vas a quedar ciega». Lo miré y respondí: «Y entonces me pareceré a ti, ¿o qué?». Este hombre blanco europeo de mediana edad, que llevaba unas gafas enormes, se quedó perplejo y se piró inmediatamente. Otro día, un adolescente se acercó a quien era mi pareja entonces y a mí y expresó su deseo de hacer un trío con nosotras: «Guau, ¡me encantaría meterme entre las dos ahora mismo!». A lo que respondí: «Vale. Y luego puedes chuparme la polla». Se quedó totalmente desconcertado y dejó de molestarnos. En ambos casos me tomé sus insinuaciones al pie de la letra y respondí en consecuencia. Pero no era lo que esperaban. Entonces, ¿de qué va eso del coqueteo heterosexual?

Las primeras interacciones suelen articular una promesa, una muestra de cómo podría ser la relación en el caso de establecerse. ¿Cómo nos relacionaremos? ¿Cuidaremos el uno del otro? Y esos hombres me ofrecían opresión. Proclamaban cosas como: ¡POLLA! ¡FALO! ¡PODER! ¡OBEDECE! Este paradigma tóxico de la erótica de la obediencia se da, principalmente, en hombres heterosexuales, pero este patrón también se manifiesta, en menor medida, en cuerpos no normativos. Como, por ejemplo, cuando la gente quiere ayudarte reestructurando tu vida, reprendiéndote por gastar demasiado dinero o por no pasar suficiente tiempo en el gimnasio, o asegurándose de que cada una de las prendas que vistes te queda bien, de que tu maquillaje está perfecto, y de que todo lo que dices no es nada más que la verdad y se ajusta a tal o cual marco normativo. Es decir, se ofrecen a ser una extensión de tu superyó. Este tipo de relaciones no sólo se caracterizan por la imposición y el cumplimiento de alguna norma (a veces secreta), sino por algo más, pues bajo la constitución psicológica del superyó está la realidad material del agente de policía. El policía es el guardián de la propiedad. La ideología de la propiedad dicta que el uso de tu propiedad está reservado exclusivamente a ti, mientras que todos los demás tienen prohibido su uso. Mi cuenta bancaria, mis tacones de cuero blanco y mis juguetes sexuales son míos y yo sola decido si se usan, cómo y cuándo (con notables excepciones, por supuesto). Sabemos que existen los agentes de policía clásicos de la propiedad y el capital, pero también los hay del capital social, emocional, intelectual y, sobre todo, del capital libidinal. El coqueteo bajo la mirada de un agente de policía intoxica; puede resultar agradable al principio, pero es restrictivo a la larga. La relación que surge de ese coqueteo tóxico se convertirá, más pronto que tarde, en una prisión custodiada por los agentes de policía presentes en la primera jugada. Si la alegría hace que nuestro deseo se expanda, la relación restringida por la policía libidinal es, necesariamente, un lugar de absoluta tristeza.

La casi universal lógica del policía, que se basa en la mercantilización de la vida cotidiana, está especialmente presente en el modo de seducción neoliberal. Ya sabemos que las aplicaciones de citas requieren de una mercantilización a gran escala del ser. También sabemos que, en estas aplicaciones, devenimos productos que tratan de aumentar su valor de mercado para evitar que los devuelvan a la estantería (la aplicación) por motivos como que el producto no se ajustaba al anuncio (el perfil). De lo que menos se habla es del tipo de sujeto que estas aplicaciones interpelan: un sujeto que elige y es elegido (según sus preferencias y otros criterios). De hecho, no es más que el homo economicus, el sujeto neoliberal como consumidor, cuya principal preocupación es hacer un buen negocio, sacar una buena tajada. La cuestión es que las aplicaciones de citas convierten a sus usuarios en sujetos de este tipo, porque este es la clase de subjetividad que requiere su diseño general. Y el ghosting es el apogeo de la seducción neoliberal, independientemente de la plataforma (real o virtual), solo se entiende en el marco en el que las potenciales parejas se ven como meras mercancías, como bienes desechables y prescindibles. Ensalada, crypto, tufuturoamante567, la diferencia es mínima. Sin duda, el derecho a interrumpir espontáneamente una conversación o relación social en curso, sin previo aviso, es una expresión genuina del yo mercantilizado. En la lógica del ghosting, que se engendra (y a veces se requiere) por el diseño del capitalismo neoliberal, los agentes individuales promulgan su supuesto derecho a entrar y retirarse de cualquier contrato (social); ceden y revocan la licencia para dar su tiempo, atención y un mínimo de cuidado, cuando sea y donde sea.

También encontramos esta interpelación al sujeto consumidor en la lógica de las «primeras citas». La mayoría de las veces (y la excepción confirma la regla), las citas se desarrollan como si se tratasen de negociaciones contractuales. Otra vez, el perfil de la aplicación. Pero ahora como performance. La gente presenta sus fortalezas, sus miedos, sus dolencias y marcan territorio, es decir, se ponen a prueba unos a otros. «Mira este zapato. Es sólido y de buena calidad. El talón está un poco flojo, pero con un poco de paciencia y confianza se fortalecerá. Le vendría bien un poco de abrillantado, pero si te queda bien, deberías comprártelo (yo soy el zapato)». El sexo es lo equivalente a la firma del contrato. Ligar en el modelo neoliberal es el significante de su verdadero significado: el sexo. En su forma heteropatriarcal es el paradigma de la significación como inseminación: Hablamos. Follamos. BEBÉS. Por eso, en el heteropatriarcado, la respuesta «correcta» a la «galante» insinuación «¡¿POLLA?!» es «¡BEBÉS!».

¿Quieres polla?

Sí, ¡quiero bebés!

Y se hizo el amor.

El «amor» en este escenario se convierte en una extensión de la libertad negativa, un espacio en el que se persiguen intereses compartidos, con apoyo mutuo añadido. Es un bien, no una relación. Por supuesto, hay muchas cosas que pueden hacer de BEBÉS: un perro, un hogar, una vida en común o el consumo infinito de MDMA en cuartos oscuros. El límite es el cielo y, en los dominios de la cultura neoliberal, el modelo heteropatriarcal se ha lavado de rosa y ha devenido en su contraparte homonormativa. La lógica de la propiedad, de la significación como inseminación, sigue siendo la misma: sí, queremos tener algo particular juntos, queremos poseer algo; por eso, en la primera cita, tenemos que negociar si queremos invertir en el otro. Pero, a pesar de todo, no digo que estas aplicaciones no funcionen. Pueden hacer que tengas sexo, te emparejes o incluso te cases. Quién sabe, puede que no funcionen ni mejor ni peor que las citas sin la aplicación. Pero la cuestión es que funcionan porque se enmarcan en un marco social más amplio: la mercantilización total de la vida cotidiana. Y allí donde no sea así, se percibirá como una refrescante excepción al abrumador paradigma de la seducción como negociación contractual.

Y, sí, hay otra forma de hacerlo.

Se piensa que necesitamos nuevas narrativas o estrategias para oponernos al poder aparentemente abrumador del capitalismo neoliberal. Yo no estoy de acuerdo. Lo nuevo va demasiado lento. Lo nuevo sólo conseguirá entrar en el mercado de las ideas, las prácticas y las propuestas revolucionarias como una mercancía más, sin más «potencial radical» que el de producir beneficios para algunos de sus accionistas. Pero, lo más importante, es que el mensaje que puede funcionar es el que ha estado ahí todo el tiempo, porque toda significación, toda inteligibilidad se basa en la repetición. Las cosas se interpretan en relación con lo que se ha vivido antes, se entienden dentro de marcos previamente establecidos. Y, del mismo modo, cada acción se forma a partir de lo que ha existido antes, cada cosa se crea a partir de los materiales que tiene a mano. No hay novedad, ni cambio, ni revolución sin repetición. De hecho, la repetición es la única manera de avanzar. Porque mientras repetimos, siempre lo hacemos en otra situación, en otro contexto, en otro escenario, la repetición será, por tanto, un poco diferente y sus efectos serán un poco distintos. Y así es cómo se produce el progreso: repetición con una pizca de diferencia. Pero ¿repetición de qué? No se trata de crear algo «nuevo» que vaya a convertirse en un proyecto político desechable en el hambriento mercado de las ideas. Más bien, se trata de repetir algo que pueda desplegar fuerzas gravitacionales contra el paradigma tóxico establecido de la seducción neoliberal como negociación contractual y policial. Por lo tanto, necesitamos acceder a los recursos materiales afectivos que ya están disponibles. Necesitamos encontrar y avivar los contraparadigmas existentes, desarrollarlos, cuidarlos, dejarlos crecer, enredarnos en ellos, popularizarlos y, de esta manera, cambiar nuestras condiciones materiales. A continuación, quiero describir estos contraparadigmas tal y como los he descubierto.

Durante mi trabajo con la camarada Josephine, el famoso rostro del movimiento revolucionario “Totaliterismo Rosa»,1 tuve la suerte de visitar algunas sesiones del Campo de Reeducación Totaliterio Rosa (CRTR). El campamento funcionaba, simultáneamente, como una instalación correctiva y un lugar experimental, una especie de laboratorio libidinal. Los participantes eran, en su mayoría, activistas políticos, artistas, gerentes quemados de su trabajo, adolescentes enviados por padres preocupados por la ineptitud social de sus hijos y maníacos de la meditación en busca de la próxima aventura. Uno de los ejercicios fue la extensión del comportamiento propio del coqueteo a situaciones que tradicionalmente no se consideran eróticas. Esta es una de las formas en la que los totaliterios rosas intentan reorientar la vida: de la acumulación de capital a la acumulación de placer. De esta manera, repiten un paradigma social existente, aunque menor, transformándolo en una alternativa en toda regla a la vida tal y como la conocemos (o ese es el plan).

Para los totaliterios rosas, el «coqueteo» es la forma que adopta la seducción en la interacción directa. Insisten en que ni el coqueteo, en particular, ni la seducción, en general, están en esencia relacionados con el sexo. Y, efectivamente, la seducción puede ser un género de conexión social por derecho propio, que se nutre del placer y del juego entre varios deseos. Es el tipo de coqueteo que se produce entre dos desconocidos en una pista de baile o dentro de las relaciones comprometidas. Somos tú y yo en un bar, o a través de una aplicación de mensajería, etc., y puede articularse en una mirada, una broma fuera de lugar o toda una conversación nocturna. Se trata de la seducción por el puro placer de seducir, una seducción para complacer, no para lograr un objetivo más allá. Sin embargo, ese posible objetivo puede integrarse en el proceso de seducción. El sexo, las bebidas y los regalos pueden manifestarse, pero no son el fin previsto. Más bien, son un elemento más en el proceso de seducción; y cuanto más entusiasta sea el consentimiento, más poderosos serán el sexo, las bebidas y los regalos, no al revés.

Parte del proceso consiste en dejar de entender la propia individualidad, autonomía, independencia, etc., como la manifestación de un interior oculto de un ser singular que está separado del mundo. El individuo rosa está marcado por la receptividad, la apertura a un «exterior» que se entiende en continuidad con el yo, como en una cinta de Möbius. La receptividad es un estado que va más allá de la actividad y la pasividad. El seductor receptivo se deja absorber, se pierde en la relación y después vuelve a algo que antes no existía, o, por lo menos, no de esa manera. En el coqueteo receptivo, el desvío y la marcha es exactamente lo que llega, lo que se habría «querido» que llegase. El coqueteo receptivo es una puesta en escena de la repetición, pero, como se ha descrito anteriormente, con una diferencia, que los totaliterios rosas intentan establecer como una práctica revolucionaria a un nivel microcotidiano. En este sentido, entienden el coqueteo como una transición: la repetición engendra progreso, no siendo el progreso una aproximación a un modelo, sino un proceso material que se impulsa a sí mismo, generando constantemente recursos para más movimiento y más transición.

Desde la perspectiva del coqueteo neoliberal, el coqueteo receptivo parecerá un desvío infinito, inapropiado y, a veces, invasivo, ya que no marca límites entre los tiempos eróticos y los no eróticos y tampoco contempla un punto claro de inicio y fin. Durante mi estancia en el CRTR, todo lo dicho no se tradujo en que múltiples tíos activistas se acercaran sigilosamente a pedirme polvos de iniciación. Todo lo contrario. Sentí un cuidado inmenso y un deseo genuino de hacer que el coqueteo fuera agradable para todos los participantes, sin importar cuántos fueran.

Los dos aspectos más importantes del coqueteo receptivo, que aprendí en mi visita al CRTR, son la hospitalidad y la permeabilidad, que son básicamente la misma cosa en diferentes ámbitos. «Hospitalidad» significa que hay que escuchar y dejar espacio a las acciones, necesidades y expresiones de las personas. La «permeabilidad» es la capacidad de dejarse transformar por la interacción con otra persona (o cosa). En materia de seducción, tenemos que ser hospitalarios con el otro: tenemos que permitir que se desenvuelva, recibir lo que dice y lo que hace, entrar en el juego y seguir jugándolo. En lugar de limitar al otro, queremos proporcionarle un escenario para que brille. Al mismo tiempo, y adelanto que es básicamente lo mismo, tenemos que permitirnos convertirnos en el otro, captar sus expresiones faciales, sus juegos de palabras y sus gestos. La hospitalidad hacia el otro es la permeabilidad hacia nosotros mismos. Porque no se trata de insistir en una identidad propia, sólida y que se pueda vender y desarrollar, sino de envolvernos en el otro y convertirnos en algo diferente. Y, en este sentido, la receptividad elude la significación como la inseminación, evita la mercantilización y no se somete a la lógica de «¡¿POLLA?!» – «¡BEBÉS!»

Estas son las lecciones sugeridas en el CRTR para aumentar la receptividad al coqueteo:

Lección 0: Decir «no». Para convertirte en un ligón de lo más elegante, sigue todas las lecciones, y cualquier otra que se te ocurra, con alguien con quien te sientas cómodo y di «no» unas cuantas veces a cada paso. Es importante experimentar el «no». Intenta localizar y saborear la emoción que surge junto a tu compañero de entrenamiento en cada paso del camino e intenta identificar si te gustaría decir «no». Decir «no» es quizá la lección más importante de todas. Sólo quien sabe decir «no» puede decir «sí» con un entusiasmo inquebrantable. Y la seducción entusiasta es la más placentera para todos los implicados.

Lección 1: Contacto visual. Mira a los ojos de tus compañeros sólo un poco más de lo normal. Quieres que se den cuenta, pero no quieres que se sientan observados. Cuando apartes la mirada, puedes hacerlo de forma visible. Hazles saber que les estás mirando, pero no seas intrusivo. Espera una respuesta, verbal o de otro tipo. Si la respuesta es positiva, vuelve a mirar: la repetición corrobora la declaración de interés. El entusiasmo es poder.

Lección 2: Acercarse o hacer que se acerquen. Una cuestión central es identificar cuándo hay que acercarse a alguien directamente. La respuesta fácil es que siempre es un buen momento, pero sé amable y prepárate para el rechazo. Si tu acercamiento no es correspondido, no te quedes ahí para incomodar o intimidar. El acercamiento no tiene por qué producirse verbalmente. Puede ser un movimiento (como lanzar un beso), una mirada o un objeto. A la inversa, también puedes mostrarte accesible. Puedes, por ejemplo, alejarte de un grupo y sentarte solo en una fiesta o pedir un tipo de ayuda que sabes que la persona que te interesa te puede proporcionar. Es decir, abrir la puerta tan ampliamente que sea fácil atravesarla. También puedes utilizar el metalenguaje: «¿Crees que este es el momento oportuno para que empecemos a hablar?» o «Si quisiéramos ligar, este sería un buen momento».

Lección 3: Minimizar la autoridad. Un problema central del coqueteo tóxico es el concepto subyacente de autoridad: siempre hay alguien que determina lo que es real, a quién le pertenece qué y qué se supone que debe ocurrir. Para convertir el coqueteo en una práctica revolucionaria, necesitamos concedernos espacio a nosotros mismos y a los demás para florecer. Tenemos que asegurarnos de que los demás están bien sin ponernos nerviosos. Y, siempre que podamos, tenemos que luchar contra la policía interior en el marco de nuestras relaciones libidinales.

Lección 4: Sobredeterminación. Bajo la forma del coqueteo suele haber ironía, lo que significa que se cruzan dos capas de significado en donde una de ellas tiene una connotación íntima. Las bromas sexuales pueden formar parte de esta estructura. Otros temas por explorar son la intimidad no sexual, los mimos, la protección y la seguridad. Un ligón elegante permite que esa capa íntima se expanda, sin forzarla. Es interesante abrir ese espacio con suavidad, para que otros puedan unirse, pero dejándoles la libertad de no comprometerse con la segunda capa. Si no se involucran voluntariamente, se les respeta. Si lo hacen y la conversación se vuelve más íntima, se baja la guardia.

Lección 5: En el coqueteo, no hay una única verdad. Improvisa teatralmente: di siempre «sí» y exagera. Si te preguntan si eres un pájaro, di que sí y conviértete en un pájaro. No te resistas, improvisa. Conviértete en un personaje. Conviértete en otra persona mientras dure el coqueteo. Recuerda: esto no es una negociación contractual. El ligue es tu escenario, utilízalo en consecuencia. Si tienes que marcharte, hazlo con elegancia. Si rechazas hablar sobre algo, hazlo abiertamente. Di: «Soy de la luna» o «¿Mi edad? Soy un vampiro. Dejé de contar en 523 porque se volvió aburrido».

Lección 6: Soportar la incertidumbre. Debido a la estructura irónica del coqueteo, puede ser difícil identificar si estás coqueteando realmente. Esta es la parte divertida del juego. No tienes que saber hacia dónde va esto, no pasa nada si no va a ninguna parte. Deja que el coqueteo se desarrolle por sí mismo. Aquí es donde el coqueteo rosa se diferencia radicalmente de su contraparte patriarcal neoliberal: es una fuerza fugaz que impregna todas las relaciones, sin ataduras, sin un objetivo o fin determinado.

Lección 7: Contacto corporal. Hay dos formas de iniciar el contacto corporal: una accidental y otra explícita. Esta última es la más fácil. Dices: «¿Puedo besarte?» y si es un sí, te alegras, si es un no, te quedas quieto. No creas que esto le resta erotismo al coqueteo. Al contrario: la concesión voluntaria es excitante, es un paso auténtico en el proceso de seducción. La otra forma, accidental, es más difícil. Es una continuación de la estructura irónica del coqueteo. Puedes tocar accidentalmente al otro y ver cómo reacciona, dejando abierta la posibilidad de que haya sido realmente accidental. Pero sé amable. Y no olvides que cuanto más entusiasta sea el consentimiento, más poderosa será la seducción (y no al revés).

El amor suele considerarse un aspecto esencial del coqueteo. Sin embargo, el amor no interesaba en el CRTR. Volviendo del campo, pensé que el amor rosa podría verse como una seducción fermentada. La desmercantilización podría pasar por una integración de la exclusión inevitable: en lugar de «quiero comprenderlo todo y compartirlo todo contigo», este otro amor dice «prefiero que no me comprendas, que me excluyas, me decepciones y me hieras. Entre todas las personas que podrían herirme, es tu dolor el que prefiero». Este otro amor integraría la pérdida y el peligro de la conexión emocional, admitiendo lo que el amor mercantilizado sólo puede mencionar: que la pérdida, el daño y el error son inevitables, no meramente accidentales. En este amor, por tanto, el cuidado no se dirigiría a la curación, sino a la reimplantación del daño con los medios de la seducción. Y la seducción nunca acaba.

Agradecimientos a Anne Marie Wirth Cauchon y a David Peterka.


1 El concepto original en inglés «Pink Totaliterianism» se explica y define en un texto anterior de la autora: «con una e en lugar de una a, contiene el adverbio latino aliter, que significa «no comparable», «de otra manera», «de forma diferente», «erróneamente», «negativamente» y «mal» como sustantivo y como prefijo (como en aliter exceptum, que significa malentendido). […] Es otro totalit()rianismo, un totalit()rianismo de la diferencia, que evita las trampas dominantes del control y las sustituye por los poderes intensificadores de la seducción».


Spinoza, Baruch. Obras completas y biografías. Edición y traducción de Atilano Domínguez, Guillermo Escolar Editor, 2021. 

deLire, Luce. «The Metaphysics of Desire-Aristotle, Aviccenna, Cavendish, Spinoza and Beyond» en Libidinal Economies of Crisis Times (próximamente, 2022). Edición de Ben Gook. 

Derrida, Jacques. La diseminación. Traducción de José Martín Arancibia, Editorial Fundamentos, 1975.


THE STROKER

The Stroker es una instalación de video de dos canales que se basa en la intervención de Takala de dos semanas en Second Home, un espacio de coworking de moda, para jóvenes emprendedores y empresas emergentes, en el este de Londres. Durante la intervención, Takala se hizo pasar por una consultora de bienestar llamada Nina Nieminen, fundadora de la vanguardista empresa Personnel Touch, supuestamente contratada por Second Home para prestar servicios de contacto físico en el trabajo. Nina se pasea por Second Home siendo amable con todo el mundo, saludando y tocando ligeramente a la gente a su paso, haciendo que la oficina hable; los trabajadores cotillean entre ellos, visiblemente unidos por una confusión común: la llaman «The Stroker» (la tocona).

Las respuestas de los «tocados» son muy variadas; la mayoría son amables, pero hay algunos cuyo lenguaje corporal muestra una visible incomodidad, tal vez por el contexto en el que se da esta invasión del espacio personal, o tal vez como resultado del conflicto interior que surge cuando uno no se siente capaz de reaccionar sincera y abiertamente. Cuando uno no sabe poner límites, este tipo de negociación corporizada puede sustituir a las palabras.

Los matices de cada movimiento hacen ver cómo las personas implicadas negocian con el conflicto de ser cuerpos mediatizados y bajo presión social, y cómo sus respuestas están determinadas por las convenciones implícitas, que regulan lo que se considera un «comportamiento aceptable». En el espacio de paredes blancas y librepensamiento de The Stroker, asistimos a una negociación física de los límites, allí donde no los hay aparentemente.

Pilvi Takala

The Stroker está separada en dos partes–puedes ver la primera parte junto a un ensayo de Jen Asturias en nuestro número 009: TENDER.


LUCE DELIRE escritòra

Luce deLire es un barco de ocho velas que descansa en el muelle. Cuando cae la noche, se convierte en filósofa, intérprete de performances y teórica de los medios de comunicación. Es una apasionada de las artes visuales, las instalaciones, el videoarte, etc. Se la puede ver comisariando, actuando, dirigiendo, planificando y publicando (sobre) diversos eventos. Trabaja en y con la filosofía de la traición, el infinito, el ateísmo y la seducción, de manera multidisciplinar y usando medios mixtos.

ARIADNA GARCÍA LLORENTE traductora

Ariadna García Llorente es una investigadora y traductora española residente en Londres. Se graduó en Literatura Comparada, Filosofía y Edición; actualmente está cursando un máster en Estudios Psicoanalíticos en Birkbeck. Ha traducido del inglés al español Doing Psychoanalysis in Tehran, de Gohar Homayounpour, que se publicará en 2022.

PILVI TAKALA artista

Pilvi Takala es una artista que vive y trabaja entre Berlín y Helsinki. Sus obras en video se basan en intervenciones performativas en las que investiga comunidades específicas para procesar las estructuras sociales y cuestionar las reglas normativas de nuestro comportamiento. Sus obras demuestran que, a menudo, es posible conocer las reglas implícitas de una situación social, mediante su alteración. Su obra se ha expuesto en el MoMA PS1, el New Museum, el Palais de Tokyo, Kiasma, la Kunsthalle Basel, Temple Bar Gallery + Studios, Manifesta 11, Careof, CCA Glasgow, el Festival Internacional de Cine de Rotterdam, HotDocs, Witte de With y la 9.ª Bienal de Estambul. Takala ganó el Prix de Rome holandés en 2011, y el Premio Emdash y el Premio Estatal de Artes Visuales de Finlandia en 2013. Takala representará a Finlandia en la Bienal de Venecia de 2022.

THE STROKER (2018) 15.16 minutos de video instalación de dos canales:

Director de fotografía: Katharina Dießner
Grabación de sonido: Karl Laeufer, Luke David Harris
Montaje: Elisa Purfürst
Diseño de sonido: Christian Obermaier
Coreografía: Emma Waltraud Howes
Coguionista, asistente de producción: Iona Roisin
Asistente de producción: Amelie Befeldt
Comisario: Teresa Calonje Trenor
Diseño del título: Ana Fernandes
Intérpretes: Donna Celay, Hais Hassan, Laura Hemming-Lowe, Manos Koutsis, Matthew Moorhouse, Patricia Mories, Iona Roisin, Emma Waltraud Howes

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